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Mark 1 Luke 8

Luke 9:1-62

Luke 10 John 1

La Biblia Reina Valera

 
 
 
Luk 9:1
 
Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.  
 
Luk 9:2
 
Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.  
 
Luk 9:3
 
Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.  
 
Luk 9:4
 
Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.  
 
Luk 9:5
 
Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.  
 
Luk 9:6
 
Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.  
 
Luk 9:7
 
Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;  
 
Luk 9:8
 
Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.  
 
Luk 9:9
 
Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: żquién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.  
 
Luk 9:10
 
Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.  
 
Luk 9:11
 
Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.  
 
Luk 9:12
 
Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.  
 
Luk 9:13
 
Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compańía.  
 
Luk 9:14
 
Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.  
 
Luk 9:15
 
Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.  
 
Luk 9:16
 
Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.  
 
Luk 9:17
 
Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.  
 
Luk 9:18
 
Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: żQuién dicen las gentes que soy?  
 
Luk 9:19
 
Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.  
 
Luk 9:20
 
Y les dijo: żY vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.  
 
Luk 9:21
 
Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;  
 
Luk 9:22
 
Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.  
 
Luk 9:23
 
Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.  
 
Luk 9:24
 
Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.  
 
Luk 9:25
 
Porque żqué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?  
 
Luk 9:26
 
Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.  
 
Luk 9:27
 
Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.  
 
Luk 9:28
 
Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.  
 
Luk 9:29
 
Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.  
 
Luk 9:30
 
Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;  
 
Luk 9:31
 
Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.  
 
Luk 9:32
 
Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueńo: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.  
 
Luk 9:33
 
Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.  
 
Luk 9:34
 
Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.  
 
Luk 9:35
 
Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.  
 
Luk 9:36
 
Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.  
 
Luk 9:37
 
Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compańía les salió al encuentro.  
 
Luk 9:38
 
Y he aquí, un hombre de la compańía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:  
 
Luk 9:39
 
Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.  
 
Luk 9:40
 
Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.  
 
Luk 9:41
 
Y respondiendo Jesús, dice: ĄOh generación infiel y perversa! żhasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.  
 
Luk 9:42
 
Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.  
 
Luk 9:43
 
Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:  
 
Luk 9:44
 
Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.  
 
Luk 9:45
 
Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.  
 
Luk 9:46
 
Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.  
 
Luk 9:47
 
Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un nińo, y púsole junto á sí,  
 
Luk 9:48
 
Y les dice: Cualquiera que recibiere este nińo en mí nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.  
 
Luk 9:49
 
Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.  
 
Luk 9:50
 
Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.  
 
Luk 9:51
 
Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.  
 
Luk 9:52
 
Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.  
 
Luk 9:53
 
Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.  
 
Luk 9:54
 
Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Seńor, żquieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?  
 
Luk 9:55
 
Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;  
 
Luk 9:56
 
Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.  
 
Luk 9:57
 
Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Seńor, te seguiré donde quiera que fueres.  
 
Luk 9:58
 
Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.  
 
Luk 9:59
 
Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Seńor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.  
 
Luk 9:60
 
Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.  
 
Luk 9:61
 
Entonces también dijo otro: Te seguiré, Seńor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.  
 
Luk 9:62
 
Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.  

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